
Que no siga siendo un día más, un día de discursos y buenas intenciones, de promesas vacías ante un público al que le basta eso, las intenciones. No es un día más, y la crisis que ha provocado la pandemia del Covid-19 lo ha hecho real y crudo. No basta con desviar la mirada o atravesar la calle para no verlos, miles de ellos en tantas latitudes de este continente, están allí, acampando delante de sus consulados, levantando carpas en los parques capitalinos, con niños, y viejos, y mujeres y hombres con sus pocas cosas, con lo que les queda porque está crisis le ha ido arrebatando lo poco que tenían, lo que guardaban, y se han quedado aún más solos, sin recursos, sin familia, sin un horizonte. Sin poder salir, sin poder regresar.
Y a su alrededor se levantan muros, se construyen prejuicios, crece el miedo.
“Desde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelan huyendo del frío, año tras año, y nadan las ballenas en busca de otra mar y los salmones y las truchas en busca de sus ríos. Ellos viajan miles de leguas, por los libres caminos del aire y del agua.
No son libres, en cambio,
los caminos del éxodo humano”.
Los emigrantes, ahora, de Eduardo Galeano